Los Bizcochos de Cayambe

Si va de viaje con su vehículo por la región andina del Ecuador, entre Quito y la provincia de Imbabura o viceversa, puede hacer una parada momentánea en el cantón Cayambe para disfrutar de las delicias que ofrece esta localidad.

Ubicado al norte de la provincia de Pichincha, Cayambe es conocido por su cultura, historia, folclor y por su particular gastronomía que está representada por los bizcochos, el queso de hoja y el manjar de leche. La combinación de harina, margarina, manteca vegetal y agua en la medida justa tiene como resultado al sabroso bizcocho cayambeño.

Los ingredientes
La harina de flor de trigo, manteca vegetal, mantequilla, levadura, sal, agua y azúcar son los ingredientes del bizcocho. En las recetas caseras le añaden manteca de chancho. El tiempo de cocción depende de la temperatura del horno de leña y varía de 15 a 30 minutos.

Los atrapaniños
El bizcocho resulta la provocación de los niños si lo ofrecen con manjar de leche. Este producto se incorporó a la tradición.

En esto concuerda, el escritor cayambeño Gustavo Vaca Maldonado, quien registró que Virginia, Dolores y Enma Jarrín fueron las primeras mujeres que moldearon y asaron bizcochos en Cayambe. Pero, el sabor y la fragancia conseguidos en el horno de leña, hicieron que los cayambeños aprendieran pronto la receta y le añadieran un toque personal: el rico queso de hoja.

Los habitantes aprovecharon los cientos de litros de leche producidos en las haciendas ganaderas de la época y elaboraron los quesos envueltos en hojas de achira.

Estas golosinas ganaron fama en la región. Desde 1928, cuando el tren llegó por primera vez a Cayambe, se oían las voces de jóvenes que promocionaban bizcochos, quesos y huevos duros en los vagones.

La respuesta no se hizo esperar y cientos de pasajeros los compraban desde las ventanas del ferrocarril. Eran una delicia que aplacaban el hambre de los niños y adultos hasta que llegaban a sus destinos en Quito, Ibarra y San Lorenzo.

Luego de 77 años, la tradición se mantiene en este valle resguardado por el majestuoso nevado Cayambe, cuyos deshielos vuelven fértiles miles de hectáreas de terreno.

 

Los golosos viajan a este valle para saborearlos recién salidos del horno o si pasan por la Panamericana detienen sus autos para comprarlos.

 

Este oficio de bizcocheros involucra a todos. El sacerdote Rafael Méndez, los amasa desde que era adolescente y dice que prepararlos es un verdadero encuentro del hombre con la naturaleza, con Dios.

Así, la fama del bizcocho cruza el valle y se cuela en el recuerdo de quienes los han probado tan solo al escuchar mencionar la palabra Cayambe